Hoja de ruta para la transformación

Hoja de ruta para la transformación

¿Se puede cambiar? La respuesta es no. Cambiar es borrar. Transformarse es integrar. Descubre la hoja de ruta para una transformación genuina que honra quien has sido mientras te lleva hacia quien quieres ser.

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Sebastián Maggi, 2 ene 2026

Hoja de ruta para la transformación

¿Se puede cambiar?

La respuesta sencilla y definitiva es no. Cambiar es borrar. Transformarse es integrar.

Los resultados que tenemos en nuestra comunicación y liderazgo describen la persona que estamos siendo. Dejar de ser esa persona es imposible. Pero eso no significa que no podamos alcanzar otros resultados, más alineados con la vida que deseamos crear.

Para ello necesitamos ser críticos con nuestros resultados, observar las acciones que estamos ejecutando y preguntarnos: ¿Quién estamos siendo actualmente ahí, en esas acciones y resultados que venimos obteniendo? ¿Qué más es posible? ¿En quién debemos ser capaces de convertirnos?

Si volvemos a considerar la pregunta inicial -¿podemos cambiar?- la respuesta sigue siendo un no rotundo. Esa parte de nuestra identidad siempre estará ahí: nuestras perspectivas del mundo (nuestro observador) y nuestros hábitos y acciones (nuestro actor) seguirán formando parte de quienes somos.

Entonces, es razonable preguntarse si tiene sentido seguir adelante con este texto. Si es inútil pretender cambiar.

(respira profundamente) La respuesta esperanzadora es que el juego no está terminado.

De hecho, podemos transformarnos tanto que incluso lleguemos a no reconocernos. Hoy existe evidencia de sobra de que nuestro ser no es estanco, como se creía en la modernidad. En aquella época romántica, la existencia era entendida como un camino para revelar una preciada esencia fija.

Pero ni es fija ni alcanza con revelarla.

También debemos aprender a gobernar nuestras formas reactivas, usando la presencia como principal aliado; elegir con claridad en quién genuinamente queremos —y no queremos— convertirnos; destilar nuestras voces internas; encarnar acciones que honren ese nuevo diseño; y no claudicar frente a las señales de extravío vestidas de resistencia y llegarán, inevitablemente, desde dentro y desde fuera.

¿Qué es transformarnos?

Transformarnos es manifestar una vida y resultados distintos a los que venimos teniendo. Es salir de nuestros automatismos, anclarnos en el presente y declarar la persona en la que queremos convertirnos.

¿Alcanza con eso? Claro que no. Ese es solo el primer paso.

De hecho, si estás leyendo esto es porque algo de ello ya se está gestando en tu interior: la búsqueda de acceder a resultados que hoy todavía no sabes cómo lograr.

Antes de sumergirnos en "cómo", conviene afinar esta transformación: No cambiamos, nos transformamos.

Parece lo mismo, pero no lo es.

Imaginemos una enorme estructura de hierro que yace a más de 200 metros bajo la superficie del mar. Alguna vez fue una embarcación flamante y poderosa, pero hace poco más de un siglo tras un bombardeo naufragó a unas millas de una paradisiaca isla caribeña. No hay forma de removerla del lecho marino. Pero si podemos generarle un nuevo propósito.

Podemos, por ejemplo, arrastrarla a aguas menos profundas y permitir que el coral prolifere, convirtiéndola en refugio para otras formas de vida. Ya no es una estructura flotante destinada a trasladar personas de un puerto a otro: pero puede ser el soporte de un ecosistema diverso y punto de encuentro para buceadores.

El barco es quien fuimos y seguimos siendo: nuestra identidad actual, que no puede ser removida. Transformar esa estructura metálica en un arrecife vivo es lo que sí está a nuestro alcance.

Parte de quiénes estamos siendo hoy lo elegimos; pero la inmensa mayoría no. Fue producto del diseño, la educación y el contexto que otros dispusieron para nosotros. Nos tocó, y aprendimos a ver el mundo desde el guión que nuestro entorno nos permitió observar.

Esto es central, porque así se construyó "nuestra realidad", "nuestra verdad", nuestra interpretación del mundo.

La evolución vital que experimentamos a lo largo de nuestra vida no es más que el despliegue de aquello que ya estaba contenido en nuestra visión del mundo. De la misma manera que una semilla de girasol da lugar a una planta de girasol -y jamás nos dará una de calabazas- nuestras perspectivas delimitan lo que entendemos como posible.

Ahí radica la razón por la que no podemos cambiar: la perspectiva adoptada tempranamente siempre seguirá presente y latente. Y cuando la negamos, suele cobrar más fuerza.

La transformación, entonces, no consiste en borrar esa perspectiva, sino en integrarla dentro de una historia más amplia.

¿En qué consiste la transformación?

Transformarnos implica expandir nuestra conciencia (nuestro observador) e integrar una perspectiva más amplia. Supone atravesar quiebres, soltar certezas y reorganizar nuestra visión del mundo desde un lugar que, al inicio, suele sentirse ajeno, incómodo u hostil.

Suena simple. No lo es.

Las razones son múltiples: nuestra neurobiología, nuestro sistema de creencias (nuestro universo simbólico) y la presión del entramado social desde el cual operamos. La resistencia no es meramente un obstáculo: es el agua que contiene al pez; una realidad que lo envuelve y, al mismo tiempo, lo determina.

Para el pez no hay un "fuera del agua". Del mismo modo, para nosotros muchas resistencias no se viven como tales, son parte de las voces que nos hablan en primera persona.

El primer gran obstáculo

El primer obstáculo es comprender que la transformación no proviene de aquello que sabemos que no sabemos hacer. Ese tipo de aprendizaje ya lo tenemos mapeado: solemos saber dónde buscarlo y qué competencias incorporar cuando la vida nos lo exige.

La verdadera transformación emerge de otro lugar: de aquellas perspectivas que ni siquiera sabíamos que no sabíamos. Formas de interpretar la realidad que expanden nuestro potencial de acción de manera inimaginable.

Ahí se encuentra la fuente de la transformación.

¿Cómo incorporar una nueva perspectiva?

Primero, accediendo a la curiosidad. Soltando el control. Apareciendo desde una disposición que nos permita estar presentes, abiertos y disponibles para aprender.

Segundo, entendiendo que encontraremos resistencias profundas, inscritas en nuestra biología, nuestras emociones y nuestros hábitos. No se trata de eliminarlas, sino de aprender a trabajar con ellas.

¿Cuál es el plan para promover la transformación?

Para que la transformación ocurra, tres dimensiones deben activarse en simultáneo:

  1. Ampliar tu Observador

Expandir la conciencia, el sistema de creencias y las estructuras mentales desde las que interpretamos el mundo.

👉🏼 Las sesiones individuales y las clases grabadas en el entrenamiento de liderazgo comunicacional son espacios diseñados para introducir nuevas distinciones que amplían esa mirada.

  1. Prácticas Somáticas Recurrentes

Adoptar una nueva perspectiva no basta para transformar. Es necesario sostener prácticas recurrentes que encarnen esa visión en lo somático, lo emocional y lo vivencial.

Hoy muchas de nuestras acciones siguen respondiendo a creencias y guiones culturales que sostienen los mismos resultados de siempre. Por eso sentimos resistencia: el entorno confirma lo conocido y nos empuja a permanecer en el molde.

Liderar, en cambio, es asumir un rol activo como agente de transformación. Es sostener la pregunta "¿qué más es posible?" e influir deliberadamente en el contexto para habilitar resultados distintos, alineados con el diseño que queremos crear.

Por eso debemos operar en ambos niveles. Si actuamos solo desde las prácticas, como una receta de éxito, aparecerán resistencias internas y externas que parecerán confirmar que "no es por ahí". La conversación interna suele ganar esa batalla cuando las acciones no están sostenidas por una convicción profunda.

Y si por el contrario, nos limitamos a ampliar el observador, esa nueva perspectiva será apenas un instante de iluminación -o una forma sofisticada de rumiación mental- que quizás llegue a energizarnos con cierta resonancia somática, pero sin impacto real si no pasamos a la acción concreta y adecuada.

Muchas veces fallamos ahí: operamos desde el sentido común y el sentido común rara vez acierta. Son esos momentos donde debemos pedir ayuda y aprovechar los atajos que otros pueden ofrecernos, sin esperar que el proceso sea fácil.

Las prácticas permiten encarnar aquello que hemos entendido. Pero no se trata de entender, sino de hacer hasta terminar siendo. Por eso la práctica es la verdadera arena del ser.

👉🏼 Las guías de prácticas recurrentes y los videos de ejercicios están diseñados para sostener estás rutinas de transformación.

  1. Vencer Resistencias

Por último, como todo esto es ajeno a nuestra identidad actual y nuestro cerebro está cableado para oponerse a lo desconocido, nos encontraremos con múltiples resistencias que intentarán sacarnos de la ruta.

👉🏼 Existe todo un sin número de tácticas para sostenernos en la transformación, y en el programa hay un bloque completo dedicado a aprender a reconocerlas y trabajar con ellas.


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